Oh eh oh eh oh, ¿la constituyente va?

Todos nos hacemos insistentemente esta pregunta, especialmente en estas horas previas a la elección de los candidatos a la ANC. Durante los dos últimos meses el conflicto ha girado en torno a la posibilidad de que ésta, que muchos no dudan en declarar inconstitucional, se instale o no. Fue una clara maniobra del Gobierno para recuperar el poder que perdió en diciembre de 2015, con la elección de una Asamblea Nacional de mayoría opositora, a la cual le ha tratado de quitar validez con un TSJ subordinado al Ejecutivo.

La oposición ve en esta Constituyente una sentencia de muerte, ya que sería un suprapoder por encima de todos los poderes establecidos, incluyendo por supuesto a la AN y a la Fiscalía. El Gobierno, por otro lado, ve en esta Constituyente su salvación y su prevalencia en el poder por encima incluso del clamor popular.

Intuir porqué el Gobierno quiere tan desesperadamente esta ANC no es muy difícil, y estoy seguro de que la necesidad que tiene de la misma va mucho más allá de «transformar  al Estado, crear un nuevo ordenamiento jurídico y redactar una nueva constitución» (ni si quiera han presentado un proyecto de constitución, más allá de «Clap fiados») y tiene mucho más que ver con que «los poderes constituidos no podrán impedir en forma alguna sus decisiones» (citas de los art. 347 y 349 de la CRBV); es decir, control total. Desde esa ANC podrán aprobar préstamos y presupuestos con un barniz de legalidad del que actualmente carecen con el TSJ usurpador; destituir funcionarios, como a la FGR, Luisa Ortega Díaz, y hacer leyes; y quién sabe que otros poderes se atribuirían. Básicamente es volver a tener una Asamblea roja rojita pero que puede ir mucho más allá, ya que el poder estaría concentrado en esos 545 constituyentistas.

Viendo este escenario volvemos a la pregunta, que a mí me parece fundamental: ¿podrá el Gobierno tener éxito con esa Constituyente?

Naturalmente no tengo una bola de cristal ni puedo predecir el futuro (que mal no me vendría), pero quizás haya algunos indicios que indiquen que pueda ser más complicado que lo que el Gobierno piensa.

Problemas a la vista

No nos olvidemos de la situación de fondo que nos ha traído aquí, esa situación es esencial para entender nuestro conflicto actual.

La economía se encuentra en un estado crítico. Según el FMI la inflación en Venezuela culminaría en 2017 con un 720% y según sus estimaciones para 2018 terminaría en la cifra de 2068,5%; la Encovi (Encuesta sobre Condiciones de Vida Venezuela) mostró que más del 80% de los hogares venezolanos están en situación de pobreza y cerca del 52% lo viven de forma crítica o extrema, en comparación con el 2014 cuando sólo 48% de los hogares vivía en pobreza y 23,6% lo hacían de manera crítica, según la misma la «la pobreza reciente o temporal comienza a volverse estructural después de 3 años continuos de crisis»; una escasez que sabemos alcanza a casi la totalidad de los productos; cesta básica que en mayo superó el millón de bolívares; el sistema de salud literalmente derrumbándose; colas en los supermercados que han decrecido, no porque haya productos, sino todo lo contrario, porque ya no hay.

A la ya mala situación económica se añaden las recientes amenazas por parte de EE.UU.  de sancionar a Venezuela en caso de que la ANC se haga efectiva. Ya este país ha sancionado a funcionarios individualmente (a esta clase de sanciones se unieron México y Colombia, algo inédito en la región), pero atacar directamente a la economía venezolana mediante la imposición de sanciones a PDVSA y la industria petrolera y financiera del país es sin duda una indeseable escalada. Las consecuencias de semejante castigo para la ya maltrecha economía del país serían inconmensurables, catastróficas; Alejandro Grisanti y Gorka Lalaguna en este, muy recomendado, artículo de Prodavinci nos iluminan acerca del tema:

(…) estimamos que, de concretarse algún tipo de sanción sobre la factura petrolera, la economía se contraería alrededor de -13,6% el presente año, (-3,0 puntos porcentuales adicionales a nuestra última proyección) y una contracción de 10,7% para el 2018 (-7.3 pp adicionales a nuestra última proyección) profundizando la contracción acumulada del producto interno bruto por habitante a 45.7% en el periodo 2013-2019, la mayor hecatombe que ha sufrido un país sin un conflicto bélico.

Nos continúan diciendo:

(…) sanciones de este tipo a Venezuela producirían un quiebre en las expectativas de los agentes económicos, de la mano con un recrudecimiento significativo del actual cuadro monetario y fiscal, disparando un proceso hiperinflacionario con una continua y pronunciada depreciación del tipo de cambio, y una desaparición de venta de divisas al sector privado nacional. Para la inflación, el cielo será el límite, pasando de un estimado alrededor del 20,0%-25,0% mensual dentro de las condiciones actuales, a más de un 50,0% mensual, donde existe el consenso teórico de denominarse hiperinflación.

Para ellos, a pesar de que las sanciones pueden acelerar la resolución del conflicto, «estas profundizarían aún más la crisis que atraviesa Venezuela».

¿La salvación?

Algunos analistas han mencionado que de instalarse la ANC, ésta podría representar más un peligro que un rescate para el Gobierno, impulsando y profundizando las fracturas que ya hemos visto en el seno del mismo. Porque recordemos, las protestas, las sanciones, la presión internacional tienen como objetivo producir  esas fracturas y que estas posibiliten una negociación y un cambio político.

Muestra de que la ANC puede ser una arma de doble filo, es pensar en quién recaería el control de esa Constituyente; por ejemplo, se puede dar el caso de que Diosdado Cabello tome la presidencia de la misma, destituya a Maduro y tome el poder de facto de la nación, como nos narra Felipe Pachano Azuaje en Aporrea. Y es que en el seno del Gobierno no hay una sola visión de esa ANC y algunas son hasta contradictorias.

Ya son evidentes las rupturas en la facción dominante que no ha podido mantener unidad luego de las protestas y la presión internacional; pero no nos ilusionemos, tampoco, por lo que hemos visto, se han producido rupturas muy notorias (luego del desligue de la Fiscal) más allá de unos cuantos funcionarios renunciando a sus cargos o siendo destituidos; pero, insisto, la Asamblea Nacional Constituyente más que reducir esas rupturas las puede profundizar.

La posibilidad de una negociación

Muchos analistas han insistido en que la actual crisis que atraviesa el país no se puede resolver por otra manera que no sea una negociación política, ya que ninguna de las partes tiene la fuerza necesaria para barrer a su adversario; el Gobierno no puede imponer sus actos constituyentes «originarios» a un pueblo y una comunidad internacional que los desconoce, ni la oposición puede eliminar al chavismo-madurismo de un plumazo porque carece de la fuerza necesario para hacerlo.

Empero, a pesar de que esta es la mejor forma de salir del actual conflicto, parece haber una aversión a cualquier intento que quiera convocarlo; claro, esto es entendible, teniendo en cuenta las  penosas puestas en escena que se han intentado con anterioridad, siendo la más reciente y la más dolorosa la del 2016, en la que el Gobierno obtuvo tiempo y estabilidad al detener el revocatorio y posponer las elecciones de gobernadores.

Hemos visto, no obstante, tímidas tentativas de parte de ambos bandos de ir a una negociación política; pero recordemos que nosotros somos meros espectadores en este juego y lo que a nosotros nos parecen tímidas tentativas, en el fondo pueden ser muestras de una negociación que se está dando tras bastidores. Eso es lo que nos dice un experto como Luis Vicente León quién manifestó a través de un tweet que los resultados de una posible negociación se nos mostrarían el sábado en la noche, ya que eso es lo típico en una situación de esta naturaleza.

Incertidumbre

La incertidumbre y la zozobra son partes ya de nuestra cotidianeidad y estos momentos no son la excepción. A pesar de todo lo que he expuesto arriba aún podemos saber si Maduro va a poder instalar la Constituyente, o, de lograrlo, si se va a imponer; tampoco podemos tener certeza en que la oposición logre con sus protestas constantes más fracturas en el Gobierno.

Sin dudas vivimos hoy tiempos muy oscuros en el país; estar cuerdo es un reto de gran envergadura (el oh eh oh eh oh eh constituyente no ayuda) con las noticias, los muertos, los presos, el hambre.

Ya no sé qué esperar. Y sigo preguntándome: ¿la constituyente va?

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s