Votar o no votar, esa es la cuestión

Decir democracia es decir elecciones y votos. Esos conceptos son indivisibles, ya que para que el pueblo (demos) ejerza el gobierno (cracia), se le ha de consultar acerca de qué es lo que quiere hacer con ese gobierno; y la mejor, además de única, forma de hacerlo es una elección. Por supuesto, la democracia no depende solo de las elecciones, se requieren también otros preceptos básicos, como la independencia de los poderes.

Pero Venezuela no es una democracia, es una dictadura. El poder ya no reside en el pueblo, sino en un reducido conjunto de malvadas manos. Y ya que éstas han perdido el apoyo popular, se han abocado en transgredirlo y desconocerlo. El 30 de julio lo hicieron de una forma especialmente demoledora y ruin, con unas elecciones que no son dignas de tal nombre. No fue una estocada de muerte a la democracia venezolana, fue una patada a su cadáver.

Luego de semejante parodia de comicios, el Gobierno ha convocado otras elecciones que sí están estipuladas en el calendario electoral: las regionales. Fueron astutos, siempre lo han sido: con esa convocatoria dividieron a la oposición democrática, que se enfrascó en un intenso debate, acaso olvidando otros asuntos más acuciantes: ¿Se pueden ir a elecciones en dictadura? ¿Cómo confiar en un CNE que está claramente subordinado al ejecutivo? Pero, ¿son las elecciones regionales el centro del asunto? ¿Acaso lo que buscamos no es deponer la dictadura?

Seguir leyendo “Votar o no votar, esa es la cuestión”

Salir de Maduro con balas y no con marchas

Venezuela es una dictadura. No es un secreto a voces, ni un descalificativo malintencionado a un gobierno impopular. Es un hecho evidente y notorio. Para otros análisis quedará la tarea de ver cuando Venezuela pasó de ser una democracia chueca a una dictadura; baste decir que es indubitable que el Estado de derecho se vio herido de muerte desde inicios de 2016, cuando el Gobierno empezó a desconocer la voluntad del pueblo expresada en la AN, mediante un TSJ subordinado al ejecutivo.

Muchas han sido las respuestas foráneas a esta realidad, desde periódicos que, acorde con su manual de redacción, empezaron a clasificar a Venezuela como dictadura, hasta las sanciones impuestas a Maduro por parte de EE.UU,  incluyendo su nombre en un selecto grupo junto a otras infames figuras como Mugabe en Zimbaue; Kim Jong-un en Corea del Norte o Bashar al-Ásad en Siria.

Pero las reacciones realmente importantes  al respecto son las que se manifiestan en el interior del país, las que tienen como objetivo la derrota de la dictadura y la instauración de una democracia duradera que pueda traer la paz. Así, pues, hemos visto como durante los últimos cuatro meses la población se ha volcado a las calles con un espíritu de desafío no violento, lo que ha traído como consecuencia la radicalización de la llamada «Revolución Bolivariana» y el avance definitivo hacia una dictadura al imponerse una Asamblea Nacional Constituyente fraudulenta y sectaria.

Seguir leyendo “Salir de Maduro con balas y no con marchas”

Oh eh oh eh oh, ¿la constituyente va?

Todos nos hacemos insistentemente esta pregunta, especialmente en estas horas previas a la elección de los candidatos a la ANC. Durante los dos últimos meses el conflicto ha girado en torno a la posibilidad de que ésta, que muchos no dudan en declarar inconstitucional, se instale o no. Fue una clara maniobra del Gobierno para recuperar el poder que perdió en diciembre de 2015, con la elección de una Asamblea Nacional de mayoría opositora, a la cual le ha tratado de quitar validez con un TSJ subordinado al Ejecutivo.

La oposición ve en esta Constituyente una sentencia de muerte, ya que sería un suprapoder por encima de todos los poderes establecidos, incluyendo por supuesto a la AN y a la Fiscalía. El Gobierno, por otro lado, ve en esta Constituyente su salvación y su prevalencia en el poder por encima incluso del clamor popular.

Seguir leyendo “Oh eh oh eh oh, ¿la constituyente va?”

La juventud arrebatada: los que se quedan, los que se van y los que nunca volverán

Ser venezolano en estos momentos implica no poca capacidad de resistencia ante la grave crisis que atraviesa el país y, en consecuencia, la sociedad. Si no se está afectado por la escasez de productos básicos, al menos se lo está ante los alarmantes acontecimientos que vive el país. No hay venezolano que se precie de serlo que no esté aquejado por lo que vivimos hoy en día, y los jóvenes no son la excepción. Nos encontramos ante un panorama que es francamente desolador, casi como un desierto, sin oportunidades y marchito; pero recordemos que los desiertos tienen oasis, y Venezuela aún no está muerta, vivirá tanto como nosotros estemos dispuestos a luchar por ella.

Y los jóvenes lo han hecho. Lo siguen haciendo. Y mueren por eso.

Porque la lucha es para nosotros, así como para toda Venezuela, una cuestión existencial, pero en un grado mucho más profundo. No queremos vivir en un lugar donde haya que hacer largas colas hasta para comprar dos canillas de pan. No lo concibo. No lo tolero. Pero es mi presente y hay que enfrentarlo.

Y así como yo lidio con mi presente y me cuestiono sobre mi futuro, todos los jóvenes lo hacen con el de ellos: están los que, como yo, se quedan el país; los que, como muchos amigos, se van; y por último, los que perdieron sus vidas luchando en las calles con la esperanza de un futuro mejor.

Seguir leyendo “La juventud arrebatada: los que se quedan, los que se van y los que nunca volverán”

El ataque a la AN: un ataque a la democracia

Desde que el gobierno de Nicolás Maduro perdió la mayoría en la Asamblea Nacional en diciembre de 2015, ésta ha sido para aquel, en el mejor de los casos, una piedra en el zapato, una muy grande. Con razón además: el parlamento es el sitio en el que yace el principio de la democracia, su sentido original; es donde las diferentes opiniones son escuchadas y las ideas puestas a prueba; es donde la palabra, parte fundamental de una sociedad civilizada, encuentra su poder; todos estos valores que contrapone Maduro. Dice Juan Carlos Laporte: «el Parlamento es la caja de resonancia de las diferentes voces de la opinión pública que transportan los reclamos de la esfera social a la esfera de la política». Pero el régimen de Maduro es sordo, a éste no le interesa escuchar reclamos, sólo loas y alabanzas, es por ello que a la institución garante del poder de la palabra la calla.

Así, pues, ahora sabemos algo más acerca de su régimen: además de sordo, es bruto y cruel; los actos salvajes desplegados en contra de la población en general, y contra la Asamblea Nacional (AN) en particular, lo demuestran. Es en la segunda en la que me voy a enfocar: ¿Qué implicaciones tiene para nuestra democracia ese ataque?, ¿qué nos dice del estado de cosas en Venezuela?, ¿es esto el triunfo de la barbarie sobre la civilización, aquello que tanto temían los románticos? Veamos.

Seguir leyendo “El ataque a la AN: un ataque a la democracia”

Dos Venezuelas: los polos del país

Hay veces que siento como un fuego en mi corazón. No es amor. No es candidez. Es rabia, molestia, humillación, y, a veces, también odio. Está dirigido a aquellos que piensan distinto, que tienen una visión política diferente. En muchas ocasiones me sorprendo de cuán hondo está el sentimiento, cuán profundo se halla en mí, incluso me avergüenza admitirlo. No lo controlo, o aún peor, no  parezco querer hacerlo. Y lo que es más, no está simplemente dirigido a los líderes del bando político al cual me opongo (no tiene mucho caso decir cuál es), sino a quienes casan con su pensamiento, a las personas de a pie, que por alguna razón u otra, concuerdan con sus políticas. Es terrible, porque no es solo una rivalidad política, un encontronazo de ideas como cualquier otro, sino una sensación de rencor y molestia, como enemigos en una batalla. De tal modo que incluso ha afectado mi vida personal, pues en mi familia no impera, cual bloque monolítico, una sola visión, sino que “conviven” varias de ellas. Mejor dicho, dos. Dos miradas a la realidad, dos bloques encontrados, ¿dos bandos en una guerra? Espero no llegue a eso.

Estoy seguro de que lo que estoy contando, si usted, lector, es venezolano, no le es ajeno. Probablemente conoce usted esa sensación de la que hablo. Quizás la alimentó con palabras llenas de odio, insultos o noticias mal intencionadas. No lo juzgo, yo también lo he hecho, desgraciadamente. Toda Venezuela lo ha hecho. Esa es nuestra crisis más grande. Más grave aún que la económica o la política, aunque probablemente espoleada por éstas.

Seguir leyendo “Dos Venezuelas: los polos del país”

En medio de la tormenta

Estar en una tormenta en el mar es una situación terrible. No hay escapatoria de ese singular patíbulo, las olas embisten inmisericordemente a las embarcaciones, destruyen los mástiles  y los timones, los rugidos de los truenos parecen ser los de una bestia furiosa. Algunos marineros, fieles a una tradición politeísta, creían que el mar era un dios, o al menos, la representación de la furia de éste.

La historia es como el mar y en ocasiones tiene sus tormentas. En Venezuela lo sabemos. Durante años vivimos en aguas calmas: instituciones democráticas, un país que iba viento en popa o que al menos no estaba al borde del naufragio, una política con tiempos tan estables que éramos capaces de decir: “eso fue cuando Caldera” o “yo me acuerdo, eso fue en el de Luis Herrera”. Pero nos confiamos y dejamos que la tormenta arreciara. Una figura mesiánica y autoritaria surgió en el horizonte: nosotros le dimos la bienvenida. Como el incauto que invita al vampiro a entrar a su hogar.

Seguir leyendo “En medio de la tormenta”