Maduro, «el Rey de los monos»

Una hilera de escudos se erige como único bastión de defensa en contra de las abyectas huestes de la Guardia Nacional. La Ballena lanza en contra de éstos una ráfaga mortal de un elemento que, en otras circunstancias, representa vida. Los escudos caen, los huesos se rompen. Los que aún pueden hacerlo, corren buscando refugio. Aquellos que son incapaces de correr o muy lentos, son rodeados por una decena de motos, quizás más, y aún el doble de funcionarios. Los agarran entre varios, y los empiezan a golpear. Con los puños, con los cascos, con el filo de los escudos. Alguno mantiene una sardónica sonrisa: la de aquel que sabe que su crimen permanecerá impune.

En otro escenario, unas huestes menos armadas, pero no por ello menos sádicas, se acomodan como pueden en lo que debería ser el edificio de la Civilización, de la Democracia, con el único fin de destruir lo que queda de ellas. Su «Presidenta» exhibe acaso la misma sonrisa de los GNB. Se siente orgullosa: aún ante la negativa de una mayoría de la sociedad lograron establecer su constituyente. Venció. Como siempre lo han hecho. Y mientras lo hace habla de paz. A pesar de lo que sus adversarios puedan creer lo hace sinceramente: ella –así como sus compañeros revolucionarios– habla de  la paz de los cementerios.

Que no quepa duda de algo fundamental: el Gobierno tiene poder. Poder en tanto forma de imponer sus decisiones. Es por ello que han invocado a su fraudulenta ANC, porque la Constitución –aún vigente– de 1999, la AN y la Fiscalía les estaban suponiendo serias amenazas para la articulación de ese poder. Así, con la supuesta tesis del «poder constituyente originario», pretenden darle un aire de legalidad a sus delirios absolutistas, los cuales ya hacía efectivos, más flagrantemente y con más costos, desde antes.

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Oh eh oh eh oh, ¿la constituyente va?

Todos nos hacemos insistentemente esta pregunta, especialmente en estas horas previas a la elección de los candidatos a la ANC. Durante los dos últimos meses el conflicto ha girado en torno a la posibilidad de que ésta, que muchos no dudan en declarar inconstitucional, se instale o no. Fue una clara maniobra del Gobierno para recuperar el poder que perdió en diciembre de 2015, con la elección de una Asamblea Nacional de mayoría opositora, a la cual le ha tratado de quitar validez con un TSJ subordinado al Ejecutivo.

La oposición ve en esta Constituyente una sentencia de muerte, ya que sería un suprapoder por encima de todos los poderes establecidos, incluyendo por supuesto a la AN y a la Fiscalía. El Gobierno, por otro lado, ve en esta Constituyente su salvación y su prevalencia en el poder por encima incluso del clamor popular.

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La juventud arrebatada: los que se quedan, los que se van y los que nunca volverán

Ser venezolano en estos momentos implica no poca capacidad de resistencia ante la grave crisis que atraviesa el país y, en consecuencia, la sociedad. Si no se está afectado por la escasez de productos básicos, al menos se lo está ante los alarmantes acontecimientos que vive el país. No hay venezolano que se precie de serlo que no esté aquejado por lo que vivimos hoy en día, y los jóvenes no son la excepción. Nos encontramos ante un panorama que es francamente desolador, casi como un desierto, sin oportunidades y marchito; pero recordemos que los desiertos tienen oasis, y Venezuela aún no está muerta, vivirá tanto como nosotros estemos dispuestos a luchar por ella.

Y los jóvenes lo han hecho. Lo siguen haciendo. Y mueren por eso.

Porque la lucha es para nosotros, así como para toda Venezuela, una cuestión existencial, pero en un grado mucho más profundo. No queremos vivir en un lugar donde haya que hacer largas colas hasta para comprar dos canillas de pan. No lo concibo. No lo tolero. Pero es mi presente y hay que enfrentarlo.

Y así como yo lidio con mi presente y me cuestiono sobre mi futuro, todos los jóvenes lo hacen con el de ellos: están los que, como yo, se quedan el país; los que, como muchos amigos, se van; y por último, los que perdieron sus vidas luchando en las calles con la esperanza de un futuro mejor.

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